ACORDÉMONOS DE QUE ESTAMOS EN LA SANTA PRESENCIA DE DIOS.
¡ADORÉMOSLE!
Evangelio según Lucas 15:11
11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;
12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
La rutina del muchacho menor.
Aquí en este hogar encantador, un hogar en el que había todo lo que el corazón del hombre podía desear en el mundo (amor, alegría, compañerismo, comodidades), este muchacho menor hizo algo muy extraño. Se había cansado de la disciplina. Quería extender sus alas. Quería la emoción y el glamour de otro país, un mundo nuevo. No sé por qué es así, pero para usted y para mí la grama del vecino siempre se ve más verde.
El muchacho miró fuera de la casa y dijo: “Si tan solo pudiera alejarme de aquí por mi cuenta, sería maravilloso.” No le gustaba estar en casa. Tuvo un desacuerdo con su padre, perdió el compañerismo con él y dijo: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde.” Entonces el padre dividió su patrimonio entre ellos, y el muchacho se fue con los bolsillos llenos de dinero, dinero por el que no había trabajado. No había hecho nada para ganarlo. Todo lo que le llegó fue lo que su padre le había dado. No lo había obtenido por su habilidad ni por su trabajo. Tenía dinero en el bolsillo porque tenía un padre muy generoso. Y así el muchacho partió hacia la provincia apartada.
Recorrió todos los clubes nocturnos; conocía la sociedad de café. Tenía dinero, y cuando tiene dinero, los amigos de la bonanza acuden a usted. Y créame, tuvo amigos de la bonanza. Por un tiempo, vivió al máximo. Disfrutó de los placeres del pecado por una temporada allí en la provincia apartada. Nuestro Señor no dio detalles de lo que hizo el hijo, pero bien podemos imaginar algunas de esas cosas.
Sin embargo, llegó un día, después de haber vivido al máximo, que se metió la mano en el bolsillo y no quedaba nada. No solo él estaba en una situación financiera muy mala, sino que todo el país estaba en una mala situación. Verá, aquella tierra en la que pensaba que la grama del vecino era más verde estaba ahora experimentando hambre. La grama ya se había secado. Y este muchacho no sabía qué hacer. Si quiere saber la verdad, tenía miedo de volver a casa. No debería tener miedo, pero lo tenía. Ahora estaba desesperado. Estaba tan desesperado que iba a hacer algo que ningún judío habría hecho jamás a menos que hubiera tocado fondo. Este muchacho tocó fondo.
No podía conseguir trabajo. Fue a ver a algunos de sus amigos de la bonanza y les dijo: “Amigo, recuerdas cómo solías venir a los banquetes que daba y a las cenas, y que yo siempre pagaba la cuenta? Yo pagaba por el licor y pagaba por las muchachas. ¿Recuerdas? Ahora estoy en una mala situación. Me pregunto si no podrías ayudarme a salir del apuro, o tal vez podrías darme un trabajo.” El amigo de la bonanza dijo: “Lo siento. ¿Dice que ha perdido todo su dinero? Bueno, qué pena. Ya no estoy interesado en usted. Mi secretaria le enseñará la puerta.” Y el muchacho descubrió, después de ir de un lugar a otro, que no tenía amigos de verdad en la provincia apartada.
Finalmente, terminó yendo a las afueras de la ciudad. Allí había un hombre que criaba cerdos, y se notaba a una milla de distancia. El muchacho se acercó a él y le dijo: “Me gustaría tener un trabajo.” El hombre dijo: “Bueno, no puedo pagarle. Sabe que estamos teniendo muchas dificultades, pero si puede ganarles a los cerdos, al menos puede comer aquí.” A ese punto exacto se había hundido.
Y lo primero que hizo fue razonar un poco. Comenzó a usar su inteligencia. Dijo: “Sabes, soy hijo de mi padre, y aquí estoy en una provincia apartada. Estoy aquí en una pocilga con cerdos, y en la casa de mi padre los siervos están mejor que yo, y yo soy su hijo.”
Hizo exactamente como pensó. Regresó arrepentido. Y el padre estaba desesperado. Estaba esperando a su hijo. Cuando lo vió, corrió hacia él.
Entonces tal vez algunos de los que estaban con Jesús dijeron: “No podemos creer eso. Es bastante malo ver a ese muchacho tocar fondo e irse allá con los cerdos, pero es peor que el padre lo reciba de nuevo sin castigarlo. Eso es lo que no nos gusta. Debería ser severamente castigado.”
Es verdad, pero el padre tuvo que permitir que su hijo experimentara por su propia cuenta para ver qué tan amoroso es su padre.
Señor, gracias porque jamás abandonas al que has elegido.
No solicitas nada de nosotros que no podamos hacer.
Lo haces todo por nosotros.
Escoges lo débil para glorificarte. Apartas al menospreciado para demostrar tu amor.
Nuestra naturaleza es aferrarnos al pasado para escribir el presente; sin embargo, nos pides avanzar. Nos pides avanzar, pero no en solitario.
Porque a tu lado, cada paso y cada movimiento es seguro.
Como movimiento lasallista, lo débil de nosotros se vuelve fortaleza. Solo cuando te seguimos.
Señor, gracias.
| VIVA JESÚS EN NUESTROS CORAZONES | ¡POR SIEMPRE! |
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